Se quedaron en París

Una anécdota simple para recordar que todos los días son el día de la madre.

En 1980 Teresa y Juan Carlos, mis padres, viajaron a Europa por el trabajo de él. El viejo continente los esperaba. Recuerdo a Teresa prepararse para el viaje. Una tarde de otoño la acompañé a sacar el pasaporte y partimos en colectivo al microcentro. Tenía puesto un tailleur de saco corto y pollera con tablas grandes de pied de poule tostado y negro, camisa de seda, sandalias altas de gamuza al tono y su peinado con ondas hacia afuera. Ella caminaba con gracia y rapidez esas baldosas todavía en orden y bien dispuestas. Una de las anécdotas del viaje de Teresa fue haber perdido uno de sus bienes preciados del momento: las guillerminas de charol negro con puntas afiladas, tiras que cruzaban la capellada y tacos altísimos. Recuerdo que las usaba con sus vestidos de seda estampada por debajo de la rodilla, con el tapado de visón sintético y su cartera, chata también de charol, con cadena dorada. Se las olvidó en el hotel, en París, y nunca pudo reponerlas. Todavía lo cuenta y se amarga, pero inmediatamente se le pasa y continúa con otra historia. N de la R: la foto es de 1966, Teresa todavía estaba soltera.

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